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Mostrando las entradas con la etiqueta Lesbianas. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 8 de febrero de 2012

De prisa

Mis dedos recorren tu piel tibia
y tu sonrisa cómplice acusa recibo.
Recién amanece,
pero el tiempo apremia
y la realidad toca el timbre por tercera vez.

Nos vestimos de prisa,
luchando por no arrancarnos de vuelta la ropa.
Cae sobre el piso la bufanda que más tarde se unirá a la colección de recordatorios de tela
que sembrás por todo mi apartamento.

Se cierra la puerta detrás tuyo
y el taconeo de tus pasos
se imprime en los rincones de mi memoria.

martes, 19 de junio de 2007

La campaña del Beso

Como si estuviéramos en otro país salimos a la calle a darnos besos, así, en público. Una turba de lesbianas, tortilleras, homosexuales, gays, trans y bugas amigables cansados de que a sus amigas las echen de los bares por pegarse los besos. Los números fueron nuestro escudo, porque casi nadie se atreve a pelearse con 80 personas al mismo tiempo. Nos aplaudieron y nos insultaron, pero la noche fue nuestra y por algunas horas en este pequeño país de lo improbable recuperamos la dignidad que nos quita la gente ignorante cuando nos obliga a encerrarnos en el closet con música al que le llamamos "ambiente". Algún día cuando acomodemos los cajones de la memoria desempolvaremos esta noche y sonreiremos, con suerte hasta nos reiremos de pensar en aquellos momentos absurdos de la historia en que a las personas les producía tanto miedo dejar que la gente se quiera en paz.

lunes, 28 de mayo de 2007

Memoria motora, memoria histórica

Cuando pasé el pincel por la manta me pegó de pronto una oleada de familiaridad. Estas manos han estado aquí antes, en otra sala y dibujando otras letras, pero crispadas por la misma emoción de estar escribiendo una partecita de la historia, pequeña y resistente, pero historia al fin.

Me inclino sobre el piso a continuar la tarea y mis piernas recuerdan los años en que corrieron para escapar de la macana policial. Mis ojos, que ahora examinan nuestro manifiesto, han resistido la embestida del gas lacrimógeno y han llorado de emoción al ver nuestras luchas vencer.

Una vez más mis piés recorrerán el asfalto con paso firme y prestaré oídos sordos a quienes tildan de adolecentes los ideales. Porque aunque tenga las manos llenas de preguntas tengo la certeza de que mi espíritu se habrá quebrado el día que me gane la indiferencia.

viernes, 4 de mayo de 2007

Yo salí por una cerveza

Les juro que no andaba buscando nada más. Me senté a la mesa y ella dobló la servilleta y puso encima mi botella, porque sabe que no me gusta cuando se llena de agua la mesa. Tiene las manos tan suavecitas, me encanta como sus dedos juegan con mis manos, con mis piernas. Pero esta no era una noche romántica, qué va, si salimos con el clan habitual de sospechosas y nos instalamos en la misma mesa de siempre. Nos parecía tan cómodo el bar, cerca de la parada de buses, tranquilo, sin demasida bulla y con techos altos.

Las chicas se reían y yo pensaba: hace días que no las veía, puta, tenemos que hablarnos más a menudo. Llegaron Laura y Adriana y cuando me levanté para darles campo aproveché para plantarle un beso a mi novia. Me encanta la boca que tiene. Terminé de besarla y se sonrió, tiene unos camanances preciosos. Pero cuando se nos acabó la cerveza, se nos acabó la paz. Les juro que yo solo salí por una cerveza.

Como la que llega de última invita, Lau se levantó a pedir que siguiera fluyendo el combustible. Quizás las miradas duras de los tipejos de la barra debieron ser la primera clave. Luego el baldazo de agua fría: "No les vamos a vender más cerveza" le dijo el bartender, "y dígale a sus amiguitas que este no es un bar gay, aquí no se permiten conductas anormales". Indignada por la inaceptable respuesta corrió a la mesa a avisarle a las chicas. Nos fuimos juntas a hablar con el dueño del bar.

***aquí es donde cae polvo de hadas y empieza el cuento,
porque el final verídico me produce náuseas****

Nos quejamos con el dueño por la negativa del bartender a atendernos y él llamó al muchacho. Acto seguido este le explicó que algunos clientes de la barra se sentían incómodos porque una pareja de mujeres se estaba besando. Entonces el dueño se rió a carcajadas nos guiñó el ojo y le dijo al chico: "infórmele a los caballeros de la barra que si quieren ellos pueden besarse también". Luego le dió unas palmadas en la espalda al muchacho y le dijo: "sírvale una ronda gratis a las chicas y bájelo de su salario, para que la próxima vez se acuerde de que esta chicharronera no discrimina".

Colorín colorado,
si no hacemos algo al respecto,
este cuento nunca estará acabado.