Comida de elevador. De esa que no te permite saber en qué parte del mundo estás y que va perfecta con la decoración anónima e "internacional" que colocan las cadenas hoteleras en sus paredes. Algo de color sin cruzar los peligrosos bordes de la idiosincracia local. Etnicidad globalizada para llevar. Como Putumayo. Fuentes de ensalada, almuerzos calentados en recipientes metálicos al vapor, carnes, pastas y gaseosas. ¿Y dónde putas están las pupusas, la cola champán y los tamalitos con queso y loroco? ¿Cuántas capas de cemento tengo que arrancar para encontrar a San Salvador en medio de estas ruinas llenas de centros comerciales y autopistas? Seño, es que es muy peligroso el centro, me contestan en voz baja los organizadores, pero mire, en esta tienda (Zara) venden ropa muy galana. Efectivamente, la cultura autóctona y la realidad local siempre han sido muy peligrosas para la aplanadora global. Mejor seguir comprando en las Zaras de todos los países, seguir comiendo de las fuentes de maíz amarillo enlatado, borrar de la memoria esa leyenda de la señora con delantal sucio que palmea pupusas y abrirnos a las maravillas del desarrollo. CTRL+ALT+DEL
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viernes, 9 de noviembre de 2007
Comida de elevador
Publicadas por Margarita Salas a la/s 11:16 a.m. 3 comentarios
Etiquetas: pasaporte
miércoles, 25 de julio de 2007
Sin city
Doblás en la esquina y cuando parás en el kioskito a comprarte medio paquete de blancos Sabina te canta al oído unos versos en lunfardo y te das cuenta de que estás en Buenos Aires. Sin lugar a dudas esta ciudad es mi perdición. Viste? En el maremoto de mates amargos, amores dulces y litros de vino, siento como la sopa alcohólica de mi memoria se va olvidando progresivamente del resto del mundo. Puta, cómo me dolés en la piel cada vez que te dejo, cómo se me instala la nostalgia en medio de los pulmones. Tal vez por eso fumo desesperadamente, tratando de sacarme la necesidad imperiosa de cebarme unos matecitos antes de internarme en el mercadito de palabras que Cortázar, Borges y Shua dejaron regadas en el parque Rivadavia.
Publicadas por Margarita Salas a la/s 4:51 p.m. 2 comentarios
Etiquetas: pasaporte
miércoles, 11 de abril de 2007
las expensas
Resulta que un día decidís empacar la lora, las fotos y los cuatro trapos que tenés y mudarte de vuelta a Costa Rica. Como sos un poquillo atarantada decidís hacer esto en la misma semana en que tenés exámenes de Economía Política de la Innovación Tecnológica y Estadística Inferencial Aplicada. Sí, justo en esa semana en que además tenés que pedir todas las constancias de que estuviste cursando una maestría, para que no se borre el rastro tuyo como se borran los dibujitos que hacés en el espejo por las mañanas cuando el vapor lo empaña. Entre la lista interminable de trámites y maletas sacaste el tiempo para ir al banco y depositarle a tu casero los pinches 200 dólares de sus expensas. Expensas es un rubro del mundo de los alquileres que solo existe en Argentina.
En fin, que vos fuiste y pagaste las benditas expensas y cuando ya tenías guardada la mitad de tu vida en tres maletas tuviste también el cuidado de hacer un folder donde pusiste este importantísimo comprobante junto con las garantías del televisor y la cocina que le dejaste a la chica de Costa Rica a quien le vendiste hasta el último de tus muebles. Cuando te devolviste a tu feliz pais hablaste con esta chica varias veces explicándole cada detalle que ocuparía saber para moverse con comodidad en Buenos Aires, incluyendo instrucciones claras con respecto al folder en cuestión.
Pero cuando la chica aterrizó en Buenos Aires y entró a tu antiguo apartamento previamente amueblado, su primera brillante idea fue botar a la basura el folder con todas las garantías y, sí, el recibo de pago de las expensas que tendría que haber llegado a manos de tu casero. Así que ahora, tres meses después, ese hombre dulce y agradable que te alquilaba un apartamento en Corrientes y Callao se ha transformado en un dragón que escupe fuego desde sus entrañas y te acusa de haberlo estafado porque vos no tenés el papelito que comprueba que sí le pagaste sus putas expensas.
En fin, que vos fuiste y pagaste las benditas expensas y cuando ya tenías guardada la mitad de tu vida en tres maletas tuviste también el cuidado de hacer un folder donde pusiste este importantísimo comprobante junto con las garantías del televisor y la cocina que le dejaste a la chica de Costa Rica a quien le vendiste hasta el último de tus muebles. Cuando te devolviste a tu feliz pais hablaste con esta chica varias veces explicándole cada detalle que ocuparía saber para moverse con comodidad en Buenos Aires, incluyendo instrucciones claras con respecto al folder en cuestión.
Pero cuando la chica aterrizó en Buenos Aires y entró a tu antiguo apartamento previamente amueblado, su primera brillante idea fue botar a la basura el folder con todas las garantías y, sí, el recibo de pago de las expensas que tendría que haber llegado a manos de tu casero. Así que ahora, tres meses después, ese hombre dulce y agradable que te alquilaba un apartamento en Corrientes y Callao se ha transformado en un dragón que escupe fuego desde sus entrañas y te acusa de haberlo estafado porque vos no tenés el papelito que comprueba que sí le pagaste sus putas expensas.
Publicadas por Margarita Salas a la/s 9:58 a.m. 0 comentarios
Etiquetas: pasaporte
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